WOW
Cuando todo parece incierto, Dios permanece
Dios nunca nos dio una hoja de ruta. Nunca nos dio un manual de instrucciones, una lista de instrucciones, un conjunto de planes definidos. Nunca dije que Él supervisaría cada uno de nuestros pasos, cada una de nuestras decisiones, cada uno de nuestros giros. Él nunca dijo que nos controlaría hasta el punto de que no pudiéramos tomar medidas por nuestra cuenta. Nunca prometí todos los días sin preocupaciones, sin lucha ni dolor.
Pero lo que El hizo La promesa fue el sacrificio de Su hijo por nosotros, una promesa de que no importa lo que enfrentemos, no importa el miedo que pueda nublar nuestras mentes, no importa adónde vayamos o qué tan lejos nos alejemos de Sus amorosos brazos, nunca estaremos solos.
Dios nunca prometió que sería fácil. Él nunca dijo que nuestros días serían abiertos y llenos de luz y amor. Que caeríamos en la gente y ellos siempre nos amarían. Que nunca experimentaríamos pérdida, fracaso, muerte o dolor. Nunca dijo que las cosas siempre saldrían a nuestra manera, que siempre sabríamos adónde ir, que nuestro camino estaría pavimentado sin problemas y sin baches.
Pero lo que El hizo La promesa era que Él siempre estaría a nuestro lado, siempre llevándonos a través de los momentos difíciles, siempre con los brazos extendidos e inclinándonos hacia adentro. hizo decir fue que en cada época de quebrantamiento, Él nos traería esperanza, fortaleza y verdad.
Dios nos dio la Biblia, los mandamientos, los valores para vivir y animarnos en nuestro caminar. Nos dio familiares y amigos, personas y lugares de apoyo y amor a quienes recurrir en tiempos de desesperación. Nos dio milagros y bendiciones, historias y extraños que nos encontraron cuando más los necesitábamos.
No nos dio un camino sencillo; No nos dijo exactamente cómo navegar nuestros días. pero el hizo prometemos un plan perfecto, uno que se desarrolla continuamente con cada paso, cada respiración.
Dios no prometió fácil, pero Él hizo Prometo que nunca tendríamos que luchar solos. Él hizo Prometemos que Él nunca estaría a más de una oración de distancia, y que cuando aceptáramos la muerte y resurrección de Su Hijo como redención y liberación, siempre estaríamos cerca de Él: física, espiritual, mental, emocional y plenamente.
No estamos destinados a tener una vida perfecta y sin dolor. Se supone que no debemos tener todas las respuestas ni resolver la totalidad de nuestra existencia. Se supone que nunca debemos caer, nunca equivocarnos, nunca tropezarnos o perder la fe momentáneamente. Esta vida no estaba destinada a ser fácil, porque entonces no habría ningún propósito.
Él nos creó a su imagen: para vivir, para amar, para encontrar nuestro significado individual, para honrarlo. Saber que seremos desafiados, sacudidos y agotados por el peso del mundo. Pero nunca estaremos solos.
No importa lo que luchemos o enfrentemos, Él será nuestro Padre.
Y su amor incondicional nos sacará adelante.
Comentarios
0 Comentarios