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Mida su valor por su fe, no su éxito

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Karin Hadadan es el autor de Belleza en la quietud y El poder ilimitado dentro de ti. Ella es una alma armenia y asiria de primera generación que reside en Nueva Jersey.

En un mundo obsesionado con los resultados, los elogios y el reconocimiento, es fácil creer que nuestro valor radica en lo que producimos, o cómo otros responden a él. Pero la verdad es más profunda y mucho más eterna: su valor no se encuentra en su éxito o fracaso, sino en su devoción por el camino que Dios ha puesto ante usted.

Karin Hadadan es el autor El poder ilimitado dentro de ti Un libro sobre convertirse en tu propia alma gemela. El libro está a la venta para Amazon Prime Day.

Considere la vida de Vincent Van Gogh. Durante su estadía en el asilo Saint-Paul-de-Mausole a fines del siglo XIX, estaba plagado de dudas, angustia mental y el temor de que su arte nunca importara. En sus cartas, luchó de desesperación, a menudo llamándose un fracaso. Y, sin embargo, dentro de esas mismas paredes, creó más de 150 pinturas, algunas de las obras más famosas de la historia.

Van Gogh murió creyendo que su arte tenía poco valor. Hoy, sus pinturas se consideran tesoros invaluables, admirados en todo el mundo. ¿Qué cambió? No es el arte en sí, sino la capacidad del mundo para verlo. Su devoción dio fruto mucho después de que se fue.

Esta es la paradoja de la creación: rara vez conocemos el verdadero impacto de nuestro trabajo en nuestra vida. Las semillas que plantamos pueden no florecer hasta décadas, incluso siglos después. Es por eso que vincular tu valor a la validación externa es un juego perdedor. Lo que más importa no es el aplauso, sino la devoción: la voluntad de aparecer, una y otra vez, para lo que te hace sentir más vivo.

Cada acto de creación es una forma de comunión con lo divino. Cuando escribes, pintas, compones, construyes o sueña, estás entrando en asociación con Dios. La alegría, el cumplimiento y la vitalidad que sientes en ese estado es una prueba de que estás alineado con el llamado de tu alma. Ese sentimiento, no el resultado, es la verdadera recompensa.

El éxito y el fracaso son fugaces, pero la devoción perdura. La devoción dice: Crearé incluso si nadie lo ve. Cantaré incluso si nadie escucha. Pintaré incluso si nadie compra el lienzo. Escribiré incluso si nadie lee las palabras. Porque el acto en sí es un milagro. El proceso en sí es santo.

Por lo tanto, mida su valía por los aplausos de la multitud, sino por la sinceridad de su devoción. Presente para tu sueño en temporadas de abundancia y en temporadas de silencio. Confía en que cada paso, no importa cuán pequeño sea, es sagrado.

Y recuerde: el mundo puede no reconocer su regalo hoy, pero Dios lo hace. La verdadera medida de una vida no está en reconocimiento, sino en el coraje de mantenerse fiel a los llamados que prendieron fuego a su alma.

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