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Suave recordatorio: Nada te llenará como el amor de Jesús

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Todos buscamos amor, buscamos felicidad, buscamos un lugar al que pertenecer u otra persona que entienda por lo que estamos pasando. Estamos buscando respuestas, buscando comprensión, buscando algún sentido de equilibrio en este mundo loco y giratorio.

Muy a menudo sentimos que nos falta algo, que falta una parte de nosotros, una pieza que ha dejado un agujero en nuestros corazones, sin importar cuánto intentemos remendarnos y volver a cosernos. Intentamos llenar ese vacío con nuestros vicios, con las relaciones, con las personas, con bienes materiales o sustancias que sólo enmascaran el dolor ahogándonos.

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Pero tal vez nuestra búsqueda no se trate de encontrar algo en lo que caer, algo que nos esconda o proteja de las tormentas de esta vida. Tal vez nuestra búsqueda no se trata de amor humano, o de encontrar a una persona que de alguna manera resuelva todo el quebrantamiento de nuestro corazón porque sabemos que, en el fondo, nunca lo hará.

Quizás estemos buscando algo más grande que nosotros mismos, un amor tan grande y hermoso que apenas podemos comprenderlo. Tal vez estemos buscando a alguien que tenga todas las respuestas, que nos guíe y nos ame sin medida y que ya nos vea completos ante Sus ojos perfectos.

Quizás lo que estamos buscando esté justo frente a nosotros: el amor inagotable de Dios a través de su hijo Jesús.

Y espero, si así es como te sientes ahora mismo (perdido y destrozado, confundido y descarriado, deambulando sin una dirección fija, mareado y cayendo más profundamente en el agujero negro de tu mente), que abras tu corazón a Jesús y sepas que Él está aquí, que está presente, que te ama, te valora y te guía en cada paso que das.

Y espero que empieces a enamorarte de quién Él es y siempre estará en tu vida.

Espero que dejes de buscar respuestas en el fondo de botellas o en revistas que nunca te mostrarán una imagen realista de lo hermosa que eres. Espero que dejes de buscar a otras personas imperfectas para que te guíen y prestes atención a los pasos de Cristo, guiándote hacia la luz.

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Espero que dejes de dejarte pisotear, ser herido, dejado por personas que no ven tu verdadero valor y empieces a verte a través de los ojos de Jesús. Eres su creación. Eres su hijo. Eres fuerte y amado.

Espero que dejes de centrar toda tu atención en lo que falta y empieces a ver lo que tenerquien tu sonquien puedes convertirse en. Espero que dejes de desear placeres materiales y creas en los dones eternos que tienes en el nombre de Jesús.

Espero que dejes de pensar que no eres suficiente, que no estás a la altura, que de alguna manera eres menos porque a los ojos de Cristo, siempre eres suficiente y nunca has sido menos.

Espero que empieces a aprender que nada en este mundo te llenará como el amor de Jesús. Y espero que, poco a poco, día a día, empieces a enamorarte de Él: en la forma en que Él se preocupa por ti, en el poder de Su palabra, en la fuerte presencia que nunca te abandonará, en la fidelidad y persistencia que Él tiene en tu vida, incluso cuando vagas en la dirección opuesta.

Espero que empieces a enamorarte de Su gracia, de Su cariño, de Su capacidad de llenar el vacío de tu corazón con confianza y paz.

Espero que empieces a enamorarte de todo lo que Él puede hacer en tu vida: los cambios que puede hacer, las personas a las que puede llegar, los milagros que puede traer, el nuevo comienzo que construirá para ti en el camino que te llevará a días mejores, no a días rotos.

Espero que empieces a enamorarte de la forma en que Él te ve, tan hermosa, audaz y poderosa en Su nombre. Y espero que, a tu vez, empieces a verte de esa manera. Porque eres Su creación, Su hijo, Su hija.

Esta vida nos hace girar en muchas direcciones. Nos destrozamos por la gente, por las situaciones, por los momentos que se escapan tan salvajemente de nuestro control que nos desesperamos por aferrarnos a cualquier cosa que tenga sentido. Es muy fácil quedar atrapado en cosas equivocadas, en personas que no se preocupan por nuestros mejores intereses, en vicios que sólo nos destruyen, en situaciones que nos rompen el corazón aún más.

Pero en todo este lío, Cristo se mantiene firme.

En la agitación de nuestras vidas, en los desastres que hemos cometido, en los errores, el dolor, la pérdida y la soledad, Él está esperando que lo aceptemos, que le abramos las puertas de nuestro corazón y le permitamos comenzar a transformarnos de adentro hacia afuera.

Si estás aprendiendo a descansar en Su control, aprende aquí.

Él está esperando que confiemos en que Él tiene el control y siempre lo tendrá. Y esperando que creamos que cualquier dolor que estemos experimentando no tiene que ser combatido solos. Porque Él está a nuestro lado, tomando la espada y yendo a la batalla por nosotros.

Así que déjalo.

Déjalo ir a la batalla por ti. Deja que Él se enfrente a tus demonios. Deja que Él llene tu corazón de perdón, fuerza, pasión y esperanza. Deja que Él te lleve a días mejores.

Deja que Él te ame.

Y déjate enamorar de Él a cambio. Déjate bendecir por Su bondad, fortalecerte por Su valentía y animarte por Su palabra.

Espero que sepas que ya no tienes que enfrentar el mundo por tu cuenta, ya no tienes que tener miedo de lo que viene después, ya no tienes que sentirte vacío. Porque en Él estás lleno.

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