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3 prácticas diarias que entrelazan la fe en cada momento
Karin Hadadan, autora del best seller Belleza en la quietud, muestra tres hábitos diarios que las Escrituras describen en los que debemos participar para incorporar la fe a nuestra rutina diaria.
Sólo hay tres mandamientos sucintos y poderosos para la vida cristiana que demuestran la voluntad de Dios para cada uno de nosotros. Estos comandos, cuando se combinan, forman un enfoque holístico que se refuerzan mutuamente hacia la vitalidad, la conexión y la plenitud espiritual.
Estad siempre alegres, orad continuamente, dad gracias en todas las circunstancias; porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús.
1 Tesalonicenses 5:16-18
«Estar siempre alegres» exige un gozo constante, independientemente de las circunstancias. En nuestra cultura, normalmente buscamos la felicidad basándonos en los acontecimientos: cuando las cosas se vuelven a nuestro favor, cuando nos encontramos con fortuna, cuando conseguimos lo que queremos. Pero regocijarse significa centrarse en sentir gozo, basado en la presencia y el propósito de Dios, en cada circunstancia de nuestra vida: durante períodos de espera, desafíos o temporadas de aislamiento.
‘Orar continuamente’ sugiere una conversación continua y una conciencia de Dios: conversar no sólo cuando las cosas son difíciles, sino también cuando la vida se siente mundana, lenta, hermosa o satisfactoria. Es el acto de mantener un diálogo abierto con Él, estés donde estés, hagas lo que hagas, en cualquier momento que estés viviendo.
‘Dar gracias en todas las circunstancias’ enfatiza expresar gratitud incluso en momentos de sufrimiento o cuando se enfrentan dificultades. No importa lo difícil que sea dar gracias cuando tu mundo está patas arriba y es lo último que quieres hacer, es un acto de verdadera fe que demuestra confianza en que a través de esos desafíos, Dios todavía te está bendiciendo de maneras inimaginables.
Cuando practicamos estos mandamientos en nuestra vida diaria, nos damos cuenta de que nuestra relación con Dios puede ser maravillosamente simple. No nos pide mucho; Él simplemente quiere que permanezcamos en un estado de alegría, conectados a través de la oración y agradecidos por Sus planes, porque esta es Su voluntad para nosotros.
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