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Cuando Dios se convierte en tu fuente de valor, dejas de buscar validación
A menudo encontramos identidad en nuestros logros espirituales: sentimos una inmensa alegría cuando logramos alcanzar una meta ligada a nuestra fe, nuestros dones y nuestro propósito, o cuando superamos fuerzas negativas. Autor del best-seller de Belleza en la quietud, Karin Hadadan, escribe sobre cómo buscar logros puede ser el abismo de nuestra caída (y lo que deberíamos buscar en su lugar).
Vinculamos nuestro valor a estos logros, pero lo que inevitablemente sucede es que cuando retrocedemos o volvemos a viejos patrones, ese sentimiento de orgullo y alegría se evapora. Nuestro valor queda ligado a nuestros logros, lo que hace que nuestra sensación de satisfacción aumente y disminuya con nuestro desempeño.
Sin embargo, no os regocijéis de que los espíritus se os sometan, sino alegraos de que vuestros nombres estén escritos en el cielo.
Lucas 10:20
Esta es precisamente la dinámica que Jesús aborda en Lucas 10:20. Cuando los setenta y dos discípulos regresaron emocionados por su poder espiritual después de un ministerio exitoso, Jesús redirige su atención: ‘Alegraos de que vuestros nombres están escritos en el cielo’. Este pasaje nos invita a desviar nuestra atención de los logros espirituales a la identidad espiritual, para que no corramos el peligro de cuestionarnos quiénes somos cuando nuestros logros flaquean.
Tener nuestros ‘nombres escritos en el cielo’ sugiere que Dios nos valora no por lo que hacemos o hemos logrado, sino por lo que somos en Cristo. Su vara de medir es nuestra relación con Él, que idealmente no fluctúa en función de éxitos o fracasos externos. Sin embargo, tendemos a valorarnos a nosotros mismos en función de lo que hacemos y por lo que somos conocidos. La razón por la que esta distinción es tan crucial para nuestra evolución espiritual es que nos libera del apego a victorias temporales y nos permite centrar nuestra energía en la seguridad eterna.
Cuando encontramos alegría principalmente en nuestra relación con Dios más que en nuestras obras, esta perspectiva transforma todo en nuestras vidas. El gozo que sentimos a través de Él alimenta el trabajo que hacemos, permitiéndonos lograr cosas significativas y alcanzar metas importantes, pero esta vez tenemos la seguridad eterna de saber que, sin importar lo que suceda externamente, nuestra relación con Él en nuestro corazón es suficiente. Somos libres de servir sin la carga de demostrar nuestro valor, porque nuestros nombres ya están escritos en el cielo.
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