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Cuando no puedas dejarlo ir, deja que la misericordia te guíe

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La unicidad de Dios se ejemplifica a través de Su incomparable perdón, donde Él no sólo perdona nuestros pecados sino que también encuentra gozo al mostrar misericordia. Karin Hadadan, autora del best seller Belleza en la quietud, escribe sobre el perdón puro de Dios y cómo podemos representar su misericordia en nuestras propias relaciones todos los días.

Ésta es la profunda diferencia entre el simple perdón (que absuelve las malas decisiones) y la misericordia (que nace del deseo de aliviar el sufrimiento a través de la lente de la compasión).

Nuestro Dios puede entristecerse cada vez que actuamos de una manera que Él considera incorrecta, pero su ira nunca se extiende lo suficiente como para evitar que nos perdone verdaderamente, demostrando cuán puro es Su corazón hacia cada uno de nosotros. En lugar de castigarnos por nuestras malas acciones, Dios susurra en voz baja: «Está bien, lo entiendo, te perdono, te alivia».

¿Quién es Dios como tú, que perdona el pecado y perdona la transgresión del remanente de su herencia? No permanecerás enojado para siempre sino que te deleitarás en mostrar misericordia.

Miqueas 7:18-19

Cuando pensamos en las personas en nuestras vidas, especialmente en los familiares, amigos o parejas que nos han hecho daño, tendemos a resistirnos al perdón y a la misericordia. Pero, ¿cuándo se ha fortalecido una relación a través del castigo? ¿Cuándo nos hemos sentido mejor con nosotros mismos mientras albergamos ira o resentimiento? ¿Cuándo nos ha servido alguna vez guardar rencor? Se puede encontrar una profunda libertad al recibir este nivel de misericordia, pero también es algo que debemos aprender a encarnar con las personas que nos rodean.

Al reflejar este atributo a los demás –no sólo perdonar sino hacerlo a través de la lente de la misericordia gozosa– podemos encontrar compasión hacia aquellos que nos han lastimado. Les ofrecemos el mismo amor que Dios nos ofrece a nosotros, respondiendo a la pregunta ‘¿Quién es un Dios como tú?’ volviéndose más como Él en nuestro propio perdón.

El perdón es uno de los reflejos más claros de la naturaleza de Dios: un acto sagrado que refleja Su misericordia y transforma el corazón. Cuando Dios perdona, lo hace libre y gozosamente, deleitándose en la compasión en lugar de retenerla. Sin embargo, extender esa misma gracia a los demás puede ser uno de los mayores desafíos de la fe. Los sentimientos de ira, resentimiento y traición a menudo hacen que el perdón parezca imposible, pero gracias a la fuerza de Dios, se convierte en un acto de liberación en lugar de una obligación.

Aprender a perdonar como Dios perdona significa no sólo liberar a los demás de sus errores sino también liberarnos nosotros mismos del peso de la amargura. A medida que practicamos esta misericordia divina, nuestro corazón se vuelve más suave, nuestras relaciones sanan y nuestro carácter comienza a parecerse al suyo: misericordioso, paciente y lleno de amor.

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