WOW
Cuando no puedes saber si estás sanando o simplemente sobreviviendo, Dios todavía está ahí
A menudo llega un punto en el proceso de curación en el que ya no puedes saber si realmente has seguido adelante o si simplemente has dominado el no mirar atrás.
Dejas de hablar de lo que te lastimó. Dejas de controlarlo, dejas de nombrarlo, dejas de llevarlo a habitaciones donde ya no parece pertenecer. Y por un tiempo, ese silencio se siente como paz, como esperanza. Te convences a ti mismo de que, como ya no te duele más, debes curarte.
Pero la curación no siempre es la ausencia de dolor, y la evitación tiene una manera de disfrazarse de maneras que menos esperamos, de maneras que no podemos expresar.
A veces no avanzamos, simplemente avanzamos. Volvemos al trabajo. Decimos sí a los planes motivadores. Llenamos nuestros calendarios. Nos mantenemos en movimiento. Pero en los momentos de tranquilidad, en los espacios sin vigilancia, el dolor todavía se hace sentir. Toma la forma de un nombre pronunciado con demasiada indiferencia, o un recuerdo que resurge, o un rincón de tu corazón que te das cuenta de que has mantenido fuera de tus límites incluso para ti mismo.
Y ahí es cuando empiezas a preguntarte, “¿Realmente me estoy curando o simplemente estoy sobreviviendo?”
Este espacio es tierno, desorientador y es más común de lo que a la mayoría de los seres humanos les gusta admitir. Al fin y al cabo, evitar es más fácil que afrontar lo que no se ha resuelto. Nos pide menos. Se siente como control. Pero la dura verdad es que lo que nos negamos a nombrar a menudo se niega a irse, a sanar. El dolor no procesado no desaparece simplemente: encuentra rincones más tranquilos donde vivir.
Este no es un llamado a desenterrar todo lo que alguna vez has enterrado. Esta no es una invitación a abrirse en nombre de una curación adecuada o perfecta. Este es un suave recordatorio de que no debes temer lo que todavía está tierno dentro de ti. No tienes que apresurarte para alcanzar la plenitud. Dios no se impacienta con tu proceso. Él no mide tu progreso por lo tranquilo que pareces o por cuántos días han pasado desde la última vez que te desmoronaste.
La curación no es lineal. No siempre es obvio. A veces, el real El gran avance llega cuando dejas de intentar demostrar que has seguido adelante y, en cambio, te permites ser honesto acerca de dónde te encuentras. Se le permite sentir el peso de lo que pasó. Se le permite seguir teniendo preguntas. tienes permitido ser en curso.
Quizás no sepas si estás en una etapa de curación o de supervivencia, pero el hecho de que preguntes significa que algo ha cambiado. Algo en ti quiere la verdad más que el consuelo del entumecimiento. Ese deseo, por pequeño que sea, por silencioso que sea, es sagrado.
Dios no necesita que tengas la respuesta completa. Sólo necesita tu permiso para encontrarse contigo en medio de lo desconocido, y lo hará siempre.
Este ensayo fue escrito por Rebecca Simon. Su nuevo libro se llama 111 devocionales para mujeres que se curan a través de la fe y puedes encontrarlo aquí.
Comentarios
0 Comentarios