WOW
No llegaste aquí por suerte, llegaste aquí por Dios
Llegar al final de un año es en sí mismo una especie de milagro.
No porque todo salió bien, sino porque Dios te ayudó en momentos en los que no estabas seguro de sobrevivir. La gratitud no siempre proviene de un año lleno de tranquilidad; a menudo proviene de un año que requirió resistencia, resiliencia, humildad y una fe que ni siquiera sabías que tenías.
Cuando mires hacia atrás, te darás cuenta de que hubo días en los que caminaste con fuerza prestada, días en los que apareciste con un corazón unido por la oración, días en los que seguiste adelante incluso cuando nada tenía sentido. Y sin embargo, aquí estás. No porque la vida fuera amable, sino porque Dios fue fiel.
La gratitud cambia algo en tu espíritu. Te recuerda que incluso los capítulos más difíciles tenían un propósito. Los retrasos enseñaron a tener paciencia. Las decepciones revelaron dirección. Las luchas construyeron el carácter. Los momentos que te destrozaron también te posicionaron para la reconstrucción. Lo que parecía una pérdida preparó espacio para lo que Dios todavía está arreglando detrás de escena.
Al cerrar este año, no se apresure a pasar por alto los milagros silenciosos:
La paz que volvió.
La fuerza que te sorprendió.
La claridad que poco a poco se fue formando.
Las puertas que se cerraron para protegerte.
Los que se abrieron para hacerte crecer.
Y a medida que avanzas hacia lo que sigue, lleva contigo esta verdad: si Dios te ayudó a superar este año, te guiará durante el próximo con la misma fidelidad y con un propósito aún mayor.
Comparte esta oración por alguien que necesita recordar que llegar aquí nunca fue un accidente. Fue gracia, fue crecimiento y fue Dios.
Una breve oración
Dios,
No sé cómo superé algunos de los momentos que enfrenté este año, pero lo hice, y eso es evidencia de Tu mano en mi vida. Gracias por llevarme cuando me faltaban fuerzas. Gracias por guiarme cuando mi dirección no estaba clara. Gracias por consolarme en los lugares donde el dolor se sentía demasiado pesado para soportarlo solo.
Gracias por proveerme de maneras que no tenían sentido en el papel, por abrir puertas que no esperaba y por protegerme de aquello por lo que ni siquiera sabía orar. Gracias por convertir momentos que etiqueté como fracasos en lecciones que me moldearon.
Este año no fue perfecto, pero tuvo un propósito. Me estiró, me enseñó, me suavizó, me fortaleció y me mostró Tu fidelidad una y otra vez.
Y Dios, mientras oro esto, te pido que quien necesite este recordatorio hoy sienta que Tu amor lo envuelve de la misma manera que Tú me has envuelto a mí.
Amén.
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