WOW

No perdonas para olvidar (perdonas para seguir adelante)

Published

on

Karin Hadadan, fiel autora de Belleza en la quietud, habla de por qué el perdón es duro pero necesario para que podamos reflejar la luz y el amor de Dios.

Cuando alguien nos hace daño, nuestra inclinación natural es responder con la misma energía que nos ha dado: rebajarnos a su nivel, castigarlo, hacerle sentir el dolor que nosotros hemos sentido. Como seres humanos, nuestros sentimientos de ira, frustración e irritación están justificados. Sin embargo, estas emociones también nos invitan a explorar cómo sería romper estos patrones mientras nos esforzamos por encarnar el perdón de Cristo, para que podamos restaurar las relaciones y fortalecer nuestras comunidades.

Soportados unos a otros y perdonaos unos a otros si alguno de vosotros tiene queja contra alguien. Perdona como el Señor te perdonó.

Colosenses 3:13

Los dos mandamientos (soportar a los demás y perdonarlos) demuestran el modelo del verdadero perdón. Primero aprendemos a tener paciencia con alguien desarrollando paciencia y tolerancia hacia su comportamiento, debilidades y peculiaridades. Desde ese lugar, descubrimos naturalmente la compasión y la gracia, reconociendo que otros también están haciendo lo mejor que pueden en su experiencia humana. Nos damos cuenta de que todos somos uno: nosotros también tenemos comportamientos, debilidades y peculiaridades que tal vez ni siquiera reconozcamos.

Si bien perdonar a alguien es difícil, especialmente cuando nos ha causado dolor y sufrimiento profundos, es necesario liberar auténticamente el resentimiento, no principalmente para esa persona, sino para nuestro propio corazón. Es a través del acto del perdón que nos asemejamos más al carácter de Dios. Si Dios puede perdonarnos a cada uno de nosotros por nuestros pecados, debemos aprender a hacer lo mismo con quienes nos precedieron.

El perdón es una de las formas más poderosas en que reflejamos el carácter de Dios. Sin embargo, a menudo resulta difícil, especialmente cuando otros nos han herido o decepcionado. Elegir perdonar significa liberar la ira, la frustración y el resentimiento que pesan sobre el corazón y permitir que la gracia de Dios llene ese espacio. Así como Él nos ha perdonado completamente, estamos llamados a extender esa misma misericordia a los demás.

Este proceso no excusa las malas acciones: nos libera de la amargura que limita el amor. A medida que aprendemos a responder con paciencia, compasión y gracia, comenzamos a reflejar la naturaleza de Dios más claramente, convirtiéndonos en expresiones vivas de Su amor y perdón en el mundo.

Comentarios

0 Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más visto

Salir de la versión móvil