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La paz que Dios proporciona no es pasajera (es para siempre)

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Karin Hadadan, autora del best seller Belleza en la quietud, nos recuerda que somos siempre Invitados a descansar en los brazos de Dios. Y cuando elegimos confiar en Dios para descansar, Él nos ofrece tranquilidad eterna (no consuelo temporal).

A veces, el mayor acto de fuerza y ​​coraje es arrodillarnos, soltarnos y tomar un descanso de todo lo que hemos estado cargando. Es el momento de entrega en el que decimos: ‘Dios, te lo doy’.

Venid a mí todos los que estáis cansados ​​y agobiados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.

Mateo 11:28-29

Esta fue la invitación universal que Jesús nos hizo a cada uno de nosotros que luchamos con cargas pesadas, no solo las que conducen al agotamiento físico, sino también las batallas silenciosas que nos dejan espiritualmente agotados y con el corazón apesadumbrado.

Para la mayoría de nosotros, el acto de descansar es el más difícil de todos: reducir el ritmo y hacer menos nos aterroriza, ya que estamos acostumbrados a correr y lograr muchas cosas a la vez. Pero ¿qué pasa si las cargas que enfrenta son simplemente una señal de que necesita reducir el ritmo? ¿Para entregárselo? ¿Dejar que Dios se encargue de ello? La paradoja es que encontramos descanso al llevar un yugo, porque es a través de la gentileza de Jesús que el yugo se vuelve soportable, capaz de ser llevado.

Cuando pensamos en el descanso, asumimos que es momentáneo y que proporciona un alivio inmediato. Pero a los ojos de Dios, el descanso también representa una paz eterna y continua para tu alma. Es un período sagrado donde te das la oportunidad de soltar lo que ya no sirve, quitando el peso que ha estado presionando fuertemente tu espíritu. Una breve pausa puede conducir al rejuvenecimiento espiritual. La gentileza y humildad que Jesús describe en sí mismo nos invitan a encontrar una confianza más profunda, donde cambiamos nuestra pesada carga por su carga más ligera de amor. Al venir a Jesús, descubrimos que el verdadero descanso no se encuentra en hacer menos, sino en caminar junto a Aquel que lleva nuestras cargas con nosotros.

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