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Por qué súbitamente todo se puso peor

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norteo es usted. Es ella. “Internet se está poniendo peor, rápido”, escribe el crítico tecnológico canadiense Cory Doctorow en uno de los libros más comentados del año que acaba de sufrir su obsolescencia programada: “¿Los servicios en los que confiamos, aquellos que alguna vez quisimos? Se están convirtiendo en pilas de caca, todos a la vez”. Según Doctorow, el giro que tomó internet en estos tiempos es frustrante, desmoralizador y hasta terrorífico. Con el subtítulo contundente (“por qué súbitamente todo se puso peor y qué hacer con eso”), el ensayo se llama enshitificación y, aunque todavía no se tradujo al castellano, el título sugiere lo evidente: internet se fue a la m…

 

El canadiense Cory Doctorow asegura que internet no solo está traicionando sus primeras promesas sino que la web se está haciendo mi*rda.

 

En su declaración de principios, una red social había jurado que nunca vendería los datos personales de sus usuarios: lo primero que hizo fue venderlos. El buscador más grande del mundo ya no ofrece una respuesta útil o relevante a una pregunta: contesta con un aviso comercial. Otra red social nació como un canal de expresión libre y democrático: ahora solo exhibe los mensajes de quienes pagan una suscripción. Aquello que era gratis es pago y al plan premium se le suma el “superpremium”. Y pronto, el archisuperpremium. Y todo así. “La otra gloriosa internet fue colonizada por plataformas que hicieron promesas mágicas a sus usuarios y al menos inicialmente parecían cumplirlas”, escribe Doctorow: “Pero una vez que los usuarios estuvieron enganchados, las plataformas los pasaron por alto para hacer felices a sus clientes comerciales (los anunciantes). Después, las plataformas abusaron de sus clientes comerciales para recuperar todo el valor para sí mismos”. Los intermediarios nunca tuvieron tanto poder: Facebook, Amazon, Apple y Twitter, entre otros gigantes como Google, Spotify o TikTok, mantienen cautivos a sus usuarios. «Es la era de las plataformas enfermas, abusivas y desproporcionadas. Es el Enshittoceno».

 

Y entonces, ¿por qué no nos vamos? No podemos. Los algoritmos están diseñados para que nos enganchemos como un borrachín al litro de tinto. Lo interesante de enshitificación es que Doctorow no adopta una postura de crítica moral (“internet nos hace vivir peor que nunca en la historia”, ahora dicen los tecnófobos) sino pragmática: la segunda parte del libro propone soluciones que incluyen la regulación de la recopilación de los datos personales, la partición de las empresas y una mejor aplicación de las leyes antimonopolio. “Hay cinco grandes editoriales, cuatro grandes estudios de cine, tres grandes discográficas, dos grandes empresas que dominan las apps y una única compañía que domina los ebooks y los audiobooks”, enumera Doctorow: el sueño de la internet original era que las personas se conectaran entre sí con una mediación mínima pero fue invadida por las megacorporaciones del mundo real. La red es una imitación de la vida.

 

El problema no es usted, se insiste. Es internet. Ante el proceso acelerado de empeoramiento, lo más ruinoso sería conformarse con la idea de que las cosas están mal y aceptar que se pondrán aún peor. El pequeño usuario sin ningún poder para modificar un algoritmo o cambiar una ley (y ni siquiera para darse cuenta de baja definitivamente) puede intentar lo que parece imposible y hacer valer su único derecho como cliente, al menos por un rato: cerrar sesión.

 

Publicado en La Nación

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