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Un amable recordatorio: el amor de Dios por usted es incondicional

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Me he estado tragando una mentira inconsciente, creyendo que Dios tiene como rehenes las bendiciones de mi vida, temiendo que me las quite para enseñarme algo.

Se nos enseña que el sufrimiento tiene un propósito y una razón para las pruebas. Nos animamos en los tiempos difíciles, sabiendo que estos pueden formarnos para mejorar.

Pero es fácil pasar de esta verdad a un axioma falso: que todo lo bueno es algo que puede ser arrebatado si nos portamos mal.

Durante mucho tiempo pensé que todas las bendiciones podían recaer sobre mí, que si amaba algo demasiado, Dios me lo quitaría. Dudo que sea necesario señalar que este tipo de pensamiento no conduce a relaciones y compromisos prósperos.

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No sólo eso, sino que tampoco es cierto. Es una perspectiva retorcida del amor que Dios tiene por nosotros. Su amor no requiere que hagamos nada para obtenerlo, y tampoco busca controlarnos pidiendo rescate por nuestras bendiciones.

Nos amó cuando aún estábamos lejos. Su amor no nos manipula. Eso no es el amor.

El amor es paciente, el amor es bondadoso. No tiene envidia, no se jacta, no se enorgullece. No deshonra a los demás, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda registro de sus errores. El amor no se deleita en el mal sino que se regocija con la verdad. Siempre protege, siempre confía, siempre espera, siempre persevera.

1 Corintios 13: 4-7

Dios es amor. Él no cambia de un día para otro. Él no decide cuándo quiere ser amoroso o no. Él es amor hoy, ayer y siempre. Por eso Él es paciente, bondadoso y no egoísta.

A veces Dios nos pone en ciertas circunstancias para enseñarnos algo. Podría quitarnos nuestra estructura de apoyo para que podamos aprender a confiar más en Él. Quizás nos esté recordando que no debería haber otros ídolos en nuestras vidas. Pero Su corrección surge del amor y no busca engañarnos. Él hace todas las cosas para el bien de quienes lo aman (Romanos 8:28).

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Éste debe ser entonces el propósito de las bendiciones: no controlarnos sino compartirlas. Las bendiciones conllevan responsabilidad; son oportunidades que podemos dar a los demás.

Necesitamos volver a la verdadera visión del amor de Dios. Él se deleita en nosotros y se regocija sobre nosotros con cánticos (Sofonías 3:17). Él no busca engañarnos. Sus bendiciones son buenos regalos que estamos llamados a administrar bien.

Su amor es puro y nunca falla.

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